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“Asturias parte de una buena base”: los redactores de la LOITA alaban la tradición urbanística de la comunidad, con la preservación del litoral y la habitabilidad como puntos fuertes

27/05/2021

El catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Oviedo, Alejandro Huergo, y el arquitecto y urbanista Sebastià Jornet han sido los encargados de cerrar las Jornadas de Urbanismo Autonómico Comparado que ha organizado el Gobierno del Principado de Asturias a través del Instituto Adolfo Posada y la Dirección General de Urbanismo. Ambos profesionales forman parte del equipo redactor de la futura Ley de Ordenación Integral del Territorio de Asturias (LOITA), por medio de un convenio suscrito entre la administración autonómica y la Universidad de Oviedo. En cada una de las jornadas, con gran nivel de expertos, se conectaron más de cien personas para seguir las intervenciones.

La directora general de Urbanismo y Ordenación del Territorio en Asturias, Sonia Puente Landázuri, presentó a los ponentes como integrantes de “un equipo redactor con los mejores”. Mientras, Huergo, el primero en tomar la palabra reflexionó sobre los problemas comunes que, a lo largo de las jornadas sobre urbanismo comparado han ido saliendo para su debate: “hemos visto que son los mismos problemas y las soluciones para resolverlos también”.

Las peculiaridades de Asturias

En cuanto a las peculiaridades de Asturias, a la hora de abordar la reforma legislativa, Alejandro Huergo señaló que la situación urbanística de la que parte la comunidad autónoma es buena. “Asturias tiene una buena preservación del litoral y una buena tradición de planeamiento urbanístico, la calidad urbanística y la habitabilidad de ciudades y villas es buena. Tenemos un buen punto de partida”, señaló.

El catedrático también se refirió al debate sobre aprobar una única ley, con una perspectiva conjunta, o contar con leyes diferentes, solución esta última que están descartando la mayoría de las comunidades. También se mostró partidario de no realizar cambios semánticos que no tengan efectos jurídicos concretos: “si hacemos eso, incrementamos los costes”, argumentó.

Sobre los planes de ordenación urbana, en un contexto general, indicó las dificultades que plantean al abarcar más de un mandato electoral, por lo que sugirió un cambio legislativo en este sentido. “Es necesario actuar de otra forma con los planes generales de ordenación para evitar toda la paralización de la actividad, aunque es verdad que muchos problemas los tiene que solucionar el legislador estatal, desde aquí se puede repensar el contenido del plan de ordenación y aligerarlo”.

En cuanto al sistema de participación ciudadana apostó por la transparencia real y efectiva, de manera que las aportaciones sean de carácter general y constructivas, para evitar que este tipo de actuaciones se concentren más bien en el interés particular, como puede ser salvar una finca.

También apostó Huergo por evitar contemplar el suelo urbanizable desde una perspectiva conservacionista, y optar por suelo de reserva para actividades productivas. “Algo que parece compartirse es que sería bueno que el Principado tuviese una actitud más activa sobre el suelo no urbanizable. Tiene encaje jurídico. Por ejemplo, los no tiene sentido que los parques eólicos, en un mismo espacio muy pequeño, tengan condiciones distintas al pertenecer a municipios diferentes”, manifestó al respecto.

Por último, Alejandro Huergo hizo hincapié en el espíritu de confianza que debe impregnar la ley, aspecto que, tal y como comentó, defiende la directora general de Urbanismo. “Estoy de acuerdo en la necesidad de apostar por un modelo basado en la confianza hacia el ciudadano, en lugar de la desconfianza, como comenta siempre Sonia Puente. El actual modelo se basa en el control preventivo agobiante. Esto se convierte en un freno para el ciudadano cumplidor y protege al incumplidor, porque si obtiene el permiso, le protege frente a lo que vaya a hacer después”, explicó Alejandro Huergo para cerrar su intervención.

El urbanismo de quinta generación

Por su parte, Sebastià Jornet introdujo su intervención esbozando en grandes pinceladas las particularidades del sistema urbanístico español. “Es un sistema que funciona hacia adelante, no ha pensado en la marcha atrás. Muy basado en la propiedad, si no eres propietario no pintas nada. El elemento fundamental del sistema es la plusvalía, si no hay plusvalía no hay urbanismo, esa es una losa que arrastramos desde el siglo XIX. También es un sistema que solo protege el suelo no urbanizable, pero no hace por mejorar”, manifestó. A su juicio, estaría provisto de herramientas rígidas, por lo que se necesita “una caja con herramientas diferentes”.

Tras un repaso por la ordenación internacional, definió algunas de las claves que van a marcar el urbanismo en los próximos años. El estancamiento del crecimiento de la población, dando paso seguramente a un crecimiento negativo va a ser determinante, así como una mayor conciencia ecológica, y la necesaria aplicación de las herramientas de transparencia de la que las diferentes administraciones se han dotado. “Primero las personas, después el medio ambiente y por último la economía. Antes la ciudad era un gran consumidor de bienes servicios y energías. Ahora estamos cambiando y avanzando hacia otro modelo en el que vamos a consumir lo mínimo y generar menos residuos”, indicó el arquitecto y urbanista.

También se mostró partidario de hacer urbanismo para vivir mejor. “Lo hemos visto durante la pandemia, tenemos pisos e infrapisos que no nos sirven para nuestras necesidades. No puede ser que una de cada tres viviendas sean sociales, y no estén amparadas por un límite de precio. Si algún día vuelve la burbuja, hay que garantizar un parque más amplio de vivienda protegida para que no vuelva a pasar que sea imposible acceder a una vivienda”, manifestó.

Sobre las particularidades de Asturias, con 78 municipios, apostó por un sistema similar al francés, que reconozca la diversidad territorial, con normas sencillas para los municipios más pequeños, por ejemplo, los de menos de 1.000 habitantes. “Debemos pasar de la gestión urbanística a la gestión territorial”, manifestó Jornet.

También valoró que Asturias cuente con dos estudios previos, uno de 2003 y otro de 2007, con inventarios sobre núcleos rurales. “Tenemos 5.200 núcleos rurales con sus fichas, en estos estudios se categorizan y se dice que 500 de ellos son merecedores de algún tipo de protección”. Sugirió también incorporar algún tipo de especificación, como en la legislación gallega, que reconozca lo rural. “En Galicia tienen cuatro clases de suelo y uno de ellos es el suelo de núcleo rural”, explicó durante su intervención.  

En el turno de preguntas, ambos expertos, Huergo y Jornet, apostaron por seguir una línea de conservación inteligente para evitar que el “conservadurismo estricto” impida usos viables para determinadas actuaciones: “Debemos quitar el cerrojo del uso exclusivamente agrario, sin que eso signifique que valga todo, encontrar el equilibrio”.