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Intervención del presidente del principado de asturias, Adrián Barbón

26/07/2021

Confieso que entre los deberes de mi cargo nunca pensé que me tocaría asistir al amadrinamiento de un petrolero. Doy por hecho que un buque de 106 metros de eslora soportará bien el impacto de un botellazo, así que por esta parte podemos estar tranquilos.

Bromas aparte, participamos en un acto relevante para Armón, para Gijón y para nuestra industria naval. Mis felicitaciones a Armón y a su consejero delegado, Laudelino Alperi Baragaño, por este logro y este día. Hace pocos meses, de estas mismas instalaciones salió a la mar el ferry Eleanor Roosevelt, el primero del mundo de su clase alimentado con gas natural. Fue un hito en la trayectoria del astillero, como también será la botadura del BlueEagle, diseñado para operar en las plataformas del Golfo de México. Ustedes saben mejor que yo la complejidad técnica de un buque de estas características, capacitado para almacenar, procesar y transferir grandes cantidades de crudo. En este caso, en torno a las 7.000 toneladas. Construirlo, y construirlo bien, es algo que sólo está al alcance de los mejores.

De eso hablamos precisamente cuando nos referimos a Armón, de los mejores. Un calificativo que, por cierto, es extensible a toda la industria naval asturiana, que se ha hecho acreedora de un reconocimiento mundial y que cuenta con una cartera de pedidos que asegura la carga de trabajo a años vista. Señores Juan y Alfredo Reynoso, Blue Marine ha decidido con acierto. Estoy convencido de que no se arrepentirán de haber encargado su petrolero a Astilleros Armón.

Hace no muchos años, a finales del siglo pasado, las perspectivas de la construcción naval eran francamente peores. Todos los que vivimos en Asturias lo recordamos: esta ciudad vivió episodios muy duros de conflictividad laboral asociados a la reconversión. La situación actual es muchísimo mejor, hasta el punto de que el naval se ha situado a la vanguardia del desarrollo tecnológico de nuestra industria. Ese logro es mérito de las propias empresas, que supieron adecuarse a las necesidades del mercado, dotarse técnica y profesionalmente para garantizar su viabilidad. Ya saben que está de moda utilizar la palabra resiliencia, la capacidad para adaptarse a la adversidad, que ahora se invoca para todo. Pues bien, los astilleros asturianos son uno de los mejores ejemplos posibles de resiliencia empresarial.

Parte fundamental de ese éxito se debe a la disposición a abordar nuevos retos, sin darle la espalda al futuro por complicado que parezca. Vivimos un tiempo de vértigo que impone transformaciones casi a diario. Por eso suelo recordar que la industria no puede optar entre cambiar o seguir como está; en todo caso, la disyuntiva sería cambiar o desaparecer. Para el sector naval, cambiar significa superar la digitalización, la transición ecológica, diversificar, responder a las demandas formativas.

Todas esas necesidades deben estar atendidas en el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación del sector naval, del PERTE. Los fondos europeos ya nos han dado excelentes novedades. Gracias a ellos, a la iniciativa de la familia Mittal y el apoyo del Gobierno de España, las plantas siderúrgicas de Gijón y Avilés han despejado su futuro. Los recursos extraordinarios de la UE también deben permitir ese proyecto estratégico para los astilleros, ya que contribuirá a consolidar y multiplicar el valor de la industria naval en España y, por tanto, en Asturias. No exagero: no olvidemos que el Principado lidera hoy la construcción de barcos en nuestro país. Confío en que se presente el PERTE del naval cuanto antes para elevar su ya alta competitividad, reducir las emisiones de dióxido de carbono, crear más riqueza y empleos de alta cualificación.

Señores del Grupo Durandco, ustedes han contribuido a fortalecer esta prometedora realidad al encomendar a Astilleros Armón la construcción del Blue Eagle, este buque impresionante por su porte y, sobremanera, por su exigencia tecnológica. Ya saben que existe una larga relación entre Asturias y México, forjada durante nuestro pasado emigrante, cuando miles de asturianos se atrevían a emprender la aventura de ultramar a la búsqueda de un futuro mejor. Su presencia, que agradezco públicamente en nombre del Gobierno de Asturias, ayuda a recordar e intensificar esa ligazón.

En Asturias somos muy conscientes de la permanencia de esos lazos. Ustedes saben que no queremos desatarlos ni romperlos, sino todo lo contrario, robustecerlos, anudarlos con mayor fuerza. Hoy tenemos una muestra más de los frutos que puede dar esa colaboración. Y digo otra porque un gran empresario mexicano –o, dicho con más propiedad, asturmexicano-, Antonio Suárez, ha vuelto a elegir Armón para realizar un buque atunero. Hace años que ese gran amigo de Asturias redobla su confianza en esta empresa con nuevos encargos.

Espero que este camino de colaboración basado en el afecto y el provecho mutuo continúe mejorando durante los próximos años. Quiero destacar la disposición de mi gobierno para colaborar en toda la medida de lo posible a los objetivos de los que les he hablado: al fortalecimiento de la industria naval en Gijón y en Asturias, a impulsar la presentación de ese PERTE tan relevante para el sector y a intensificar la colaboración entre el Principado y México, que aún puede dar mucho más de sí. Señores Juan y Alfredo Reynoso, Laudelino Alperi, les aseguro que tendrán en el Gobierno de Asturias un interlocutor serio, de palabra, dispuesto a poner todo de su parte para favorecer el desarrollo de proyectos empresariales por complejos y exigentes que sean.

Concluyo como empecé. Convencido de que el BlueEagle ni va a pestañear al recibir el botellazo. Dele sin miedo.

Muchas gracias a todos ustedes.


Intervención (pdf: 104 Kb)