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Barbón: “El campus de Mieres simboliza esa transformación de la que hablamos constantemente, ese camino hacia la Europa verde, digital y resiliente”

16/06/2022

 

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha intervenido hoy en el acto de celebración del 25 aniversario del campus de Mieres, donde ha asegurado que el complejo universitario “simboliza el camino hacia la Europa verde, digital y resiliente”.

El jefe del Ejecutivo autonómico ha destacado en su discurso dos muestras de la ciencia de vanguardia que se realiza en el equipamiento de la cuenca del Caudal. Por un lado, ha puesto en valor el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB), que liderará la coordinación científica del Observatorio de la Biodiversidad contra el Cambio Climático en colaboración con otras cinco comunidades. Esta iniciativa movilizará dos millones e impulsará proyectos para evaluar y mitigar el impacto de la actividad humana en el entorno natural. Por otra parte, Barbón ha señalado que el Centro de Computación Científica de Mieres, conocido como C3, aloja los macrodatos de distintos grupos de investigación que tienen sus laboratorios en otros campus de Asturias.

Además, el presidente ha apostado por la transformación del complejo universitario “en un polo de investigación y transferencia tecnológica de alto valor añadido, con protagonismo para la supercomputación y la inteligencia artificial, los recursos naturales y la biodiversidad, la transición energética y la energía verde, la ordenación del territorio y el patrimonio industrial”.



A continuación, reproducimos la intervención completa del presidente:

Hoy celebramos el 20 aniversario del campus de Mieres. En junio de 2002, en plena reducción de la minería, la inauguración de estas instalaciones fue un redoble de esperanza.

La letra del tango cuenta que 20 años no es nada. En este caso no es aplicable. Hagamos un poco de historia. Recordemos cómo, en qué condiciones se forjó el acuerdo que puso en marcha esta misma Escuela Politécnica, cómo consiguió aunar las voluntades de las administraciones, de los sindicatos y la propia Universidad.

Es bueno hacer memoria. El campus de Mieres nació con varios objetivos. Uno, ya dicho, fue insuflar esperanza a las cuencas, hacerles ver que después del carbón seguiría habiendo vida. Otro, devolverles parte de su aportación al desarrollo de Asturias y España. Y un tercero más, dar a entender que el futuro de Asturias también seguiría pasando por las comarcas mineras.

Luego, unos años después, empezó a recibir críticas. Unos lamentaron la decisión, empezaron a decir en público lo que siempre habían pensado pero habían callado: que el campus había sido un error. Otros, impacientes, exigían más y más dotaciones con mayor celeridad. Temían que este proyecto quedase varado como una gran losa de hormigón sobre los terrenos del antiguo pozo Barredo por falta de apoyo. Sería un colosal monumento a la ineficacia y, peor aún, la constatación de que, por más empeño que hubiera, las cuencas no tenían más porvenir que consumirse lentamente.

Ocurre que la impaciencia y el afán por ver resultados inmediatos nos hacen perder de vista que la Universidad y la ciencia precisan de un tiempo propio, diferente al que marcan los calendarios mediáticos y políticos, para que los proyectos avancen y se consoliden. Hoy, 20 años después, el campus de Mieres es una realidad adulta que debe seguir creciendo y desarrollándose.

Así que a lo largo de estos años se ha discutido mucho sobre por qué nació el campus y se ha hablado poco del para qué, de su objetivo y horizonte. Este aniversario también es un buen momento para dejar de mirar atrás. Si el carbón alumbró durante años el futuro de Asturias, ahora es el conocimiento la energía que debe movernos. El conocimiento es, además, una energía limpia, respetuosa con el medio ambiente, potente, con un alto valor añadido, inagotable y capaz de transformar el mundo. No puede haber mejor alternativa al carbón. Lo era hace veinte años y lo sigue siendo ahora.

Este campus simboliza esa transformación de la que hablamos constantemente, ese camino hacia la Europa verde, digital y resiliente. Esta escuela es, además, un buen germen para el desarrollo de la minería verde y para la minería de datos, ambas generadoras de riqueza y empleo.

Sigamos en el ahora. En muchas ocasiones nos perdemos en los anhelos, sin valorar lo que tenemos en el presente. Hoy quiero romper una lanza por este presente, por este ahora, con dos ejemplos ligados a la sostenibilidad y a la tecnología, dos muestras de la ciencia de vanguardia que se realiza aquí, en este complejo universitario.

  • El campus es la sede del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB), un centro en el que participamos el Principado, la Universidad de Oviedo y el CSIC, con personal investigador que publica en revistas internacionales e impulsa actividades punteras. Este instituto es la vanguardia de uno de nuestros planes complementarios de fondos europeos, dado que liderará la coordinación científica del Observatorio de la Biodiversidad contra el Cambio Climático en colaboración con otras cinco comunidades. Es decir, desde este campus se desarrollará una iniciativa que movilizará dos millones e impulsará proyectos destinados a evaluar y mitigar el impacto de la actividad humana en el entorno natural.
  • Voy con el segundo ejemplo. La pasada semana se presentó en el campus de El Cristo un dispositivo de vanguardia para el estudio genético de los tumores, un equipo capaz de separar 10.000 células en una sola muestra. La enorme cantidad de información que se genera, miles de datos, se analizan aquí, en este edificio. Seguramente muchos no lo saben, pero el Centro de Computación Científica (conocido como C3) aloja los macrodatos (big data) de distintos grupos de investigación que tienen sus laboratorios en otros campus.

Alcemos ya la vista hacia el futuro. Con pleno respeto a la autonomía universitaria, entendemos que el plan estratégico, aprobado con un amplio consenso, es un buen punto de partida para seguir avanzando hacia la excelencia. Ese plan incluye una decidida apuesta por este campus de Mieres. Mi gobierno trabajará de la mano de la Universidad de Oviedo para hacerla realidad, y lo hará pensando con generosidad en lo mejor para Asturias, por encima de las legítimas aspiraciones locales.

El rector me permitirá que incida en algunos de los retos que recoge su proyecto para este campus. Hablamos de su transformación en un polo de investigación y transferencia tecnológica de alto valor añadido con protagonismo para la supercomputación y la inteligencia artificial, los recursos naturales y la biodiversidad, la transición energética y la energía verde, la ordenación del territorio y el patrimonio industrial.

Todas ellas son líneas acordes con nuestra Estrategia de Especialización Inteligente, actualmente en evaluación en Europa y que esperamos poner en marcha en los próximos meses.

Un campus es docencia e investigación, no cabe duda, pero también es transferencia de conocimiento e implicación en el tejido productivo y social. En esta línea camina también la propuesta de impulsar un espacio de conexión con la empresa que permita el desarrollo de compañías innovadoras, startups y spinoffs; que impulse, en definitiva, el emprendimiento tecnológico de la juventud titulada.

Hace veinte años, en este mismo lugar, don Felipe de Borbón, entonces Príncipe de Asturias, afirmó:

“La Universidad no solo se dedica a la transmisión de conocimientos, sino que genera nuevas ideas, promueve el espíritu científico y tiene un papel fundamental en socializar los avances tecnológicos que tiran del carro del progreso”.

Estas palabras siguen teniendo hoy la misma vigencia y actualidad, y la Universidad tiene el reto de seguir tirando de ese carro del progreso de las cuencas y de toda Asturias. Con certeza, en este caso el tango miente: 20 años ha sido mucho para el campus de Mieres.