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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

Entrega Medallas de Asturias

06/09/2019

Elegir siempre es un verbo de riesgo. Lo normal es que cuando se presentan muchas opciones uno titubee, incluso después de haber tomado la decisión. Imaginen si se trata, como es el caso que nos reúne, de escoger a las personas o colectivos que recibirán las Medallas de Asturias, las mayores distinciones que puede otorgar el Gobierno del Principado.

Y, sin embargo, he de confesar que este año, la primera vez que me ha correspondido liderar esta responsabilidad, lo hemos tenido fácil. El Consejo de Gobierno no ha dudado ni por un instante que Vicente Álvarez Areces, Tini para propios y extraños, y la Brigada Central de Salvamento Minero merecen el máximo reconocimiento.

Hace pocos días participé en la inauguración de una exposición dedicada a Severo Ochoa, el único Nobel asturiano y, con Ramón y Cajal, uno de los dos científicos españoles galardonados con ese premio. Este año se cumplen, precisamente, seis décadas de la concesión. Pues a propósito de la visita a esa muestra, que les invito a recorrer, reflexionaba sobre lo poco dada que es la sociedad asturiana a celebrar a los suyos. Compartimos, si me permiten la expresión, una cierta avaricia en la gestión de los afectos, tal vez un punto excesivo de pudor.

Pensemos en cada una de las medallas. Álvarez Areces fue doce años alcalde de Gijón, otros doce presidente de Asturias, y aunque ese es un resumen abreviado, telegráfico, de su intensa dedicación pública, nadie aquí puede exhibir tal hoja de servicios. El golpe helado, el tajo seco de su muerte nos sorprendió una madrugada de enero porque nadie pensaba que aquel continuo motor en marcha, aquella personalidad expansiva y vigorosa pudiera apagarse. Tini, expresión encarnada de una vocación social perenne, la que alimenta toda su traza biográfica, desde el joven militante del PC hasta el veterano senador del PSOE, era incompatible con la rendición y el abatimiento.

Cuando la dedicación política está devaluada, si no puesta de continuo bajo sospecha, la medalla de oro a Vicente Álvarez Areces supone un desmentido rotundo a la negación de la democracia y una reivindicación plena del compromiso. Quien dedicó su vida a luchar por la libertad, quien recibió la confianza mayoritaria de la ciudadanía, quien se esforzó en transformar Gijón y Asturias nos ofrece una trayectoria en la que puede reconocerse cualquier demócrata, cualquier persona dispuesta a poner su esfuerzo al servicio de una causa tan noble como mejorar la sociedad.

Aprovecho este momento para saludar afectuosamente a quienes, como Tini, fueron Presidentes del Principado de Asturias y están hoy en este acto. Gracias por acompañarnos.

La Brigada de Salvamento Minero recibe la otra Medalla de Oro. También ocurrió en enero: a raíz del trágico accidente de un niño, Julen, en Totalán, Málaga. España entera descubrió que había un equipo de elite especializado en rescatar a quienes han sufrido algún accidente en la mina, apto para intervenir en operaciones complicadas donde se necesita mucha preparación, una enorme capacidad y un valor fuera de lo común. A los medios de comunicación les faltaron adjetivos para elogiarles y así nos devolvieron, ampliada y multiplicada, una buena razón para sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

En las cuencas –y en Asturias entera- les conocemos bien. Desde hace más de un siglo, ellos son quienes entran donde los demás no pueden, son los que salvan lo que ya se da por perdido, los que nunca dejan a nadie atrás. Han recibido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, la Medalla de Oro con distintivo azul al Mérito de la Protección Civil, la Medalla de Oro de Andalucía y la Medalla de Plata de la Cruz Roja. En 1990, hace casi treinta años, la brigada también mereció la Medalla de Plata del Principado. Esta tarde queremos continuar haciéndoles justicia con la Medalla de Oro.

Las tres Medallas de Plata que concedemos este año tienen acento femenino. A ustedes les resultará obvio, pero a veces conviene insistir en los subrayados para que incluso las evidencias no pasen de largo. Si en Asturias queremos mantener izada la bandera de la igualdad, continuar en la vanguardia de España en ese objetivo, es bueno aprovechar todas las ocasiones para hacerlo. Incluso en un acto de tan marcado carácter institucional como el que nos reúne hay que recordar que los derechos no se conquistan para siempre, que es necesario mantenerse alerta para defenderlos. Desde luego, el Gobierno de Asturias no se quiere consentir un solo paso atrás en la meta de la igualdad y el rechazo de las agresiones machistas.

La Red de Casas de Acogida arrancó en 2000 con la finalidad de atender a las víctimas de la violencia de género y a las personas a su cargo. Actualmente, funcionan 20 pisos tutelados y tres casas de acogida, que en 2018 prestaron asistencia a 467 personas: 243 mujeres, 213 hijas e hijos y otras 11 personas a cargo.

Casualidad -¿o no?- el mascarón de proa de esta red, el Centro de Atención Integral a Mujeres Víctimas de la Violencia de Género, conocido como la Casa Malva, abrió sus puertas una soleada mañana de primavera de 2007 de la mano del presidente Vicente Álvarez Areces. Gracias a su impulso, la red crecía y brindaba un puerto seguro desde Gijón con el primer centro de este tipo que se abría en el país, convertido desde entonces en una referencia estatal.

La Medalla de Plata distingue su labor, tan importante. Como el de la brigada de salvamento, es un reconocimiento colectivo. De igual modo, no esperemos que fuera se asombren con lo que tenemos para valorarlo. Hay pocas regiones con tantas políticas desplegadas a favor de la igualdad como el Principado, y eso no es un mérito exclusivo de una fuerza política, sino un patrimonio colectivo.

Por lo tanto, entendámoslo y cuidémoslo como lo que es, una seña distintiva de la Asturias comprometida con la causa de las mujeres que abomina de la violencia de género. En este punto, las palabras casi salen solas, tanto que no me resisto a callarlas: ni una más. Digámoslo como sociedad: ni una más.

María Jesús Rodríguez López, escultora, también recibe la Medalla de Plata. La escultura es una manifestación artística que involucra vista y tacto; color, materia y volumen. Yo me atrevería a decir que hay esculturas que huelen e incluso se oyen, tal es su potencia expresiva. María Jesús Rodríguez sobresale por esa capacidad creativa, la que le permite alumbrar un universo conceptual propio mediante el uso de materiales de la naturaleza y de otros industriales tales como la pizarra o el cartón. Naturaleza e industria son, por lo demás, una síntesis proteica de Asturias.

María Jesús Rodríguez formó parte del Grupo Abra, un colectivo artístico que marcó un hito en las artes plásticas asturianas en los años 80. Reconocida nacional e internacionalmente, hoy nos toca a nosotros intentar ponernos a la altura de su creación artística al otorgarle la medalla de plata del Principado.

He dejado conscientemente para el final la ciencia. Digamos que para cerrar el acto con buena química, nada mejor que destacar la Medalla de Plata a Rosa Menéndez López, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde noviembre de 2017. Me refería antes al acento femenino de estas distinciones; pues bien, Rosa Menéndez es la primera mujer que preside el centro de investigación español por excelencia en los 80 años de historia de la institución.

Rosa Menéndez podría hablarnos mucho sobre el carbón y sus derivados, sobre las asombrosas aplicaciones que ofrece el grafeno, tanto en el desarrollo de nuevas tecnologías como en el almacenamiento de energía o la biomedicina. Esta tarde queremos honrar su trabajo, sus décadas de investigación continua para promover el desarrollo científico, otro de los objetivos en los que debemos involucrarnos colectivamente para construir el porvenir de Asturias. Y ya se habrán dado cuenta que, para este Gobierno, Ciencia y porvenir van de la mano.

Un porvenir para el que necesitamos miradas como las de María Jesús Rodríguez y Rosa Menéndez. Curiosa y siempre osada la artista, capaz de ver más allá de la apariencia. Y aguda hasta el detalle la científica, que nos descubre una realidad que nos pasa inadvertida a simple vista.

He resumido, seguramente a brochazos, probablemente con grandes olvidos, las razones por las que el Gobierno de Asturias ha decidido conceder este año dos medallas de oro y tres de plata. He hablado de un político, de un equipo de rescate, de casas de acogida, de una escultora y de una química. Pienso, sinceramente, que podemos poner los ojos con orgullo en cada uno. En el político que se entregó a una pasión de libertad e igualdad, en el equipo minero que se juega la vida para salvar a los demás, en la química que se sitúa a la vanguardia de la investigación, en la escultora que nos atrapa con su obra y en la red de casas creada para acoger a quienes sufren la violencia machista.

Es lógico que cuando celebramos la fiesta de nuestra tierra nos reunamos para distinguirles. Por ello, el sentido de este acto no es la pompa institucional, el esmero en los detalles, la calidad técnica, el bordado de palabras con el que se pronuncia cada intervención. Todo eso es muy importante y hay que cuidarlo muchísimo, pero el objetivo de fondo es otro, reconocer públicamente a las personas que representan lo mejor de Asturias. Ese es el sentir común que debemos compartir en el Día de Asturias.

Dicho esto, permítanme que les agradezca su asistencia a las autoridades, así como a los representantes de la vida social, económica y cultural presentes en este acto. Su presencia refuerza la importancia de esta entrega de medallas.

Vuelvo atrás. Estas medallas suponen reconocer públicamente a las personas que representan lo mejor de Asturias.

Por eso me atrevo a pedirles a todas y todos ustedes que piensen en Tini Areces, en la Brigada Central de Salvamento Minero, en María Jesús Rodríguez, en Rosa Menéndez y en la Red de Casas de Acogida. Que piensen en cada una de las medallas otorgadas, en las razones por las que han sido concedidas y que juntos nos aunemos en el orgullo de aplaudir a lo mejor de Asturias.

Feliz Día de Asturias.

Muchas gracias.

 

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