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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

Inauguración de la terminal de carga de Masaveu Industria

18/11/2019

El cemento que nos une en este acto es el compromiso del grupo Masaveu con Asturias. Quiero empezar con este reconocimiento a una compañía que pronto cumplirá 180 años de andadura empresarial en el Principado, desde aquellos tiempos del siglo XIX en los que su fundador, Pedro Masaveu Rovira, llegó a Oviedo para trabajar en un comercio de tejidos.

Les agradezco que me hayan invitado a la inauguración de esta terminal de carga, que ha supuesto un desembolso de 5,5 millones y permitirá mover 700.000 toneladas de clínker al año. Ofrezco estos datos, conocidos, para enfatizar la importancia de su inversión, aunque este acto me da pie para perseguir otras consideraciones tal vez menos tangibles, pero de mayor alcance. Con su permiso, voy a lanzarme por ellas.

Empiezo por lo obvio. Estas instalaciones se integran en una dársena exterior de El Musel, que descansa buena parte de su actividad sobre el tráfico de graneles. Por lo tanto, es una buena noticia para el puerto y, por extensión, para Gijón y para la industria asturiana. Contra quienes se han distinguido por cuestionar la ampliación de El Musel, ésta es una prueba más de que hemos de concebirla como una gran plataforma de oportunidades para nuestro desarrollo industrial. Cuanto mayor provecho le saquemos, mejor nos irá.

También es evidente que esta terminal permitirá reducir la contaminación por emisión de partículas, otra buena noticia para Gijón. Ahorro las explicaciones técnicas –la importancia de utilizar tolvas con apantallamiento, filtros de mangas, sistemas de nebulación y demás artilugios- para quedarme con lo importante. Ante unas exigencias ambientales muy severas, las impuestas por el Gobierno del Principado a partir de la normativa europea, nos encontramos con una empresa que asume esos requisitos e invierte una cantidad importante para cumplir con las reglas.

Esa certeza nos impone otra reflexión: es mentira que debamos elegir entre industria y medio ambiente, entre crecimiento y empleo por un lado y salud y ecología por el otro, como si fueran el haz y el envés de una hoja. Esa es una dicotomía falsa que a veces se arguye de forma irresponsable. Mi gobierno, el Gobierno del Principado, no va a renunciar a la consolidación industrial ni a la protección del medio ambiente, vamos a esforzarnos para que ambos objetivos sean compatibles porque en ese propósito se dirime en buena medida el futuro económico de Asturias. Hoy, estas instalaciones nos demuestran que ese es el camino que ha elegido Masaveu Industria. Y, también hoy, mi gobierno se lo agradece públicamente.

Esta consideración nos lleva a un asunto recurrente, el de las condiciones en las que se desenvuelve la industria europea. Asumamos que el marco regulatorio de la UE no sólo es más complejo y restrictivo que el de países terceros, sino que probablemente irá endureciéndose durante los próximos años. Por lo normal, cuando abordamos esta cuestión nos ceñimos a la siderurgia, sin reparar en lo que sucede en otros sectores. Tomemos por ejemplo el que nos reúne esta mañana: una cementera es una industria electrointensiva y, por tanto, sensible al precio de la energía; emite dióxido de carbono, con lo que le afecta el encarecimiento de los derechos de emisión y, además, está sujeta a límites para la difusión de partículas. Parece lógico que la UE deba tener en cuenta todos estos condicionantes a la hora de diseñar su política comercial para impedir la desventaja competitiva de nuestra industria. Y resulta apremiante que el Gobierno de España, tal como reclama con insistencia el Principado, apruebe el Estatuto para las Empresas Electrointensivas y continúe dando pasos para abaratar el coste de la electricidad a este tipo de compañías.

No quiero cansarles, pero caben más consideraciones. Hay muchas maneras de clasificar las empresas: en función de su tamaño, de su forma societaria o de su rama de actividad, entre otras. Propongo una más: la de las que están decididas a abordar el futuro y las que prefieren negarlo o rendirse. Ya he tenido oportunidad de trazar esta división a propósito de las centrales térmicas de carbón: aquellas que decidieron acometer las inversiones necesarias para adaptarse a las exigencias de la UE continúan en funcionamiento; las que no lo hicieron son las que se apresuraron a anunciar su fecha de cierre. Pues bien, las instalaciones que estamos inaugurando corresponden a una empresa dispuesta a trabajarse el porvenir.

Como muchas otras, he de añadir, porque la industria asturiana está desplegando un enorme esfuerzo que la sociedad ha de conocer y valorar: ahora mismo están programadas inversiones por más de mil millones en el Principado para reforzar instalaciones, crear empleo o afrontar la transición energética. No neguemos los reveses, no desdeñemos las dificultades, no eludamos los desafíos, pero démosle a las buenas noticias el protagonismo que merecen. Hagámonos una pregunta: ¿cuál es el denominador común de todas esas inversiones? Me respondo: las ganas de futuro. Esos desembolsos no los hacen las empresas que renuncian, sino las que confían en sus propias fuerzas y en las fortalezas de Asturias. Son las propias industrias las que nos demuestran su confianza en el porvenir económico del Principado.

Ya ven que me he alejado un tanto de esta dársena de El Musel para encadenar varios pensamientos, pero regreso sobre la marcha. Es una de las ventajas de trabajar con las palabras, que no se paran en tiempos ni lugares. Verán, si al principio aludí a la historia del Grupo Masaveu, a aquellos primeros pasos del fundador, anteriores incluso a la creación de la germinal Banca Masaveu, fue por algo. Ya sé que no se llevan estas cosas, y menos cuando tanto se conjuga el verbo deslocalizar, pero también quiero destacar su vinculación a Asturias. Es una corporación diversificada, con presencia en numerosos países, que ha soportado las estrecheces propias de la recesión, y que, no obstante, ha mantenido su raigambre en el Principado. Creo que esta mañana debemos tenerlo en cuenta. Para este presidente, que una empresa se preocupe de cuidar su relación con Asturias también suma, y mucho, en la cuenta de agradecimientos.

Muchas gracias.

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